sábado, 23 de julio de 2011

La Cola del Paro

Esta mañana la cola del paro
dobla la calle
como una bicha de 500 ojos.
Parece una cadena
de eslabones folclóricos.
El primero es ghanés,
azabache de cabra,
con los ojos oscuros
y la sonrisa
de leche desnatada.
El segundo es un chino,
azafrán de paella,
con los ojos estrechos
y peligrosos
como un Despeñaperros,
y no sonríe
porque tiene tiricia
de farol en esquina.
El tercero es un ciego,
vendedor de cupones,
que ha perdido el empleo
porque, el pobre, ha tenido mala suerte.
Los ojos, si los tiene,
sólo se intuyen
porque veo en sus párpados,
semicerrados,
dos cursores eléctricos
sin concierto ni rumbo,
y le sobra sonrisa
porque no tiene dientes.
Los demás son patrones,
idénticos retratos,
de todas las miradas
que salen por los ojos
y todas las sonrisas
que afloran de los labios.

En la cola del paro
los hombres y mujeres,
ociosos, solitarios,
coleccionan plegarias
para los Reyes Magos.

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